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jueves, 2 de febrero de 2012

Comentarios al evangelio del 5 de febrero de 2012


Buscadores de Dios

(Mc 1,29-39)


Es una de las imágenes que más se repite en el Evangelio: tantos buscan a Jesús. Unos porque van detrás de Él siguiéndole como discípulos. Otros van en pos a ver si lo descubren en algún renuncio y pueden acusarlo y condenarlo. La escena que se nos presenta se desenvuelve en Cafarnaún, en casa de Simón. Tras lo ocurrido con el endemoniado en la Sinagoga unas horas antes en aquel sábado (Mc 1,21-28), suceden dos reacciones similares respecto de Jesús. En efecto, los discípulos dijeron a Jesús que la suegra de Simón estaba con fiebre en cama. Jesús la curó y ella se puso a servirles. Pero, no sólo a ellos: "al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y poseídos. La población entera se agolpaba a la puerta" (Mc 1,30-32). Era un espectáculo: enfermos, poseídos, todo el pueblo de espectador... Dice el Evangelio que curó a muchos y expulsó a muchos demonios. Pero al llegar la madrugada, Jesús se levantó y se fue a la soledad del campo para orar.
Sin embargo, no fue Él el único que madrugó aquel domingo. Los discípulos, embajadores de suegras, lo serán ahora de la masa: "Simón y sus compañeros fueron, y al encontrarlo le dijeron: todo el mundo te busca" (Mc 1,36-37). Tanto los discípulos como aquel pueblo, perseguían al Maestro. ¿Que les seducía? ¿Qué habían descubierto en Él? ¿Qué esperaban recibir? Aquí se abre una dolorosa división entre el modo de pensar y de actuar de Jesús y de todos los demás en esta escena. Estaban en planos completamente diferentes.
Es lo que dice Juan al contarnos el dolido reproche de Jesús ante el "interés" que su Persona suscitaba tras el milagro de los panes y los peces: "en verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado" (Jn 6,26).
Evidentemente, se puede buscar a Jesús, se le puede seguir y perseguir, como quien entra en un supermercado: para autoservirse sólo de aquello que se quiere consumir, haciendo caso omiso del resto de las ofertas. La iniciativa no la tienen los estantes, ni el dueño del negocio, sino la libertad del consumidor. No es así, no debe serlo, en la relación con Jesucristo, no cabe un cristianismo "a la carta". Él se nos da por entero, y sólo por entero podemos darnos a Él en respuesta agradecida. No vale servirse de Jesús, aprovecharse de Dios, sólo en la prebenda, en el favor, en la recomendación. Acoger a Jesús es acoger el don de su Persona, el Reino, hecho de palabras y signos, de gracia y de exigencia, de entrega y donación. Y ese Reino es amar a Dios amando todo lo que Él ama, y por lo tanto hacer nuestra su causa y su proyecto, sus amores y dolores, sus hijos todos. Seremos así eco que se escucha, y testimonio creíble de la Buena Noticia que quien pasó haciendo el bien nos dejó como tarea.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

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miércoles, 25 de enero de 2012

Reseña Retiro Diaconal Pamplona 2012

Los días 21 y 22 de enero tuvo lugar en la Casa de Ejercicios de las Esclavas de Cristo Rey de Burlada (Navarra), el sexto retiro de diáconos permanentes de las diócesis del País Vasco y Navarra. Al encuentro acudieron diáconos, candidatos, esposas e hijos de las diócesis de Bilbao, Vitoria y Pamplona. También hubo presencia de un aspirante y su familia de la diócesis de Zaragoza

En esta ocasión el tema del retiro fue “Estuve enfermo y me visitaste” (Mt. 25,36). La primera ponencia corrió a cargo del diácono Daniel Corral, Delegado diocesano de la Pastoral de la Salud de Vitoria con el título “Apuntes para una espiritualidad diaconal en la pastoral de la salud”. La segunda reflexión titulada “Visitar los rostros del sufrimiento y de la enfermedad” la dirigió el diácono de la Diócesis de Pamplona Luis Áller. Los dos ponentes hablaron sobre la necesidad de estar cercano al sufrimiento del enfermo desde la diaconía en nombre de la Iglesia.

Se trabajó en dos sesiones, con la metodología de presentación de la reflexión, trabajo personal y puesta en común.

Se trató principalmente el tema de la pastoral de la salud y del papel del diácono en este ámbito. De la realidad sufriente del enfermo y de la entrega amorosa del diácono identificado con Cristo, el Buen Samaritano.

La primera jornada se cerró con la celebración de la eucaristía que fue presidida por Juan Antonio Aznárez, Vicario General de la Diócesis de Pamplona. Los niños prepararon una pequeña representación del evangelio correspondiente a ese domingo.

El domingo hubo tiempo tras la oración de laudes de ver una película de cine infantil para toda la familia.

El retiro concluyó con una comida de hermandad entre los diáconos y sus familias, quienes acordaron celebrar su próximo encuentro en el mes de junio en la Diócesis de Vitoria.

Desde hace seis años los diáconos de las diócesis de Bilbao, Vitoria y Pamplona vienen celebrando periódicamente un retiro cercano a la fecha del 22 de enero, festividad de San Vicente y un encuentro convivencia con sus familias en el mes de junio con motivo de la fiesta de San Efrén, ambos diáconos.

La organización de los retiros, encuentros y convivencias corre a cargo de una comisión diaconal interdiocesana, para su preparación y celebración en diferentes lugares de las diócesis participantes.

Recordemos que el Diaconado permanente fue restablecido por el Concilio Vaticano II, dentro del sacramento del orden, con la posibilidad de ser conferido a hombres casados con unas determinadas condiciones (Lumen Gentium 29), completando el mismo junto con el episcopado y el presbiterado.

Actualmente en España hay cerca de trescientos cincuenta diáconos permanentes ordenados que desempeñan su ministerio bajo el carisma del servicio cerca de los más necesitados, compaginando así su vida familiar, laboral y ministerial como compromiso de vida.

Fernando Aranaz Zuza
Diácono Diócesis de Pamplona
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miércoles, 18 de enero de 2012

Los hermanos unidos, una belleza creíble

Queridos hermanos y amigos: paz y bien. Nada más hermoso como la unidad verdadera, la comunión fraterna. Fue, de hecho, una de las oraciones del mismo Jesús durante aquella cena postrera de confidencias e intimidades con sus discípulos. Puesto a hacer síntesis de su mensaje, de todo cuanto dijo e hizo durante aquellos tres años inolvidables, no dejó de invocar la unidad de aquellos que llamaría amigos y hermanos. No fue una referencia abstracta, sino nada menos que una oración al Padre: “que todos sean uno, para que el mundo crea” (Jn 17).

Podríamos decir a la inversa, que cuando estamos divididos complicamos la adhesión a la fe de aquellos a los que anunciamos el Evangelio. De hecho, la división de los cristianos ha supuesto y sigue suponiendo una piedra de escándalo. Porque la revelación de Dios que nos ha hecho Jesucristo no es un camino privado y solitario, en el que fuera indiferente mi relación con el otro. No puedo amar a Dios, ignorando o destruyendo a los que Él ama como hijos y me da como hermanos.

El Papa Benedicto XVI lo dijo en la misa de clausura de la JMJ a los jóvenes de tantos países y culturas: “permitidme también que os recuerde que seguir a Jesús en la fe es caminar con Él en la comunión de la Iglesia. No se puede seguir a Jesús en solitario. Quien cede a la tentación de ir ‘por su cuenta’ o de vivir la fe según la mentalidad individualista, que predomina en la sociedad, corre el riesgo de no encontrar nunca a Jesucristo, o de acabar siguiendo una imagen falsa de Él… Os pido, queridos amigos, que améis a la Iglesia, que os ha engendrado en la fe, que os ha permitido conocer mejor a Cristo, que os ha hecho descubrir la belleza de su amor”.

La historia cristiana no siempre ha sido en este punto un motivo de encuentro, sino que también hemos cometidos errores y pecados contra la unidad pedida por Jesús en su oración al Padre. El Papa no ha tenido inconveniente en reconocer humildemente durante el encuentro de Asís en octubre pasado, en esa iglesita de la Porciúncula, verdadero corazón franciscano de la reconciliación y la paz: “quisiera decir como cristiano: sí, también en nombre de la fe cristiana se ha recurrido a la violencia en la historia. Lo reconocemos llenos de vergüenza. Pero es absolutamente claro que éste ha sido un uso abusivo de la fe cristiana, en claro contraste con su verdadera naturaleza. El Dios en que nosotros los cristianos creemos es el Creador y Padre de todos los hombres, por el cual todos son entre sí hermanos y hermanas y forman una única familia”.

Desde hace años, entre el 18 y el 25 de enero, tenemos el octavario de oración para la unidad de los cristianos. El lema de este año está tomado de un texto paulino: "Todos seremos transformados por la victoria de nuestro Señor Jesucristo" (cf. 1Co 15, 51-58). Cristo ha vencido todo aquello que nos divide por dentro y nos enfrenta por fuera, y uniéndonos a Él seremos transformados en su misma victoria. No se trata de llegar a un consenso ingenuo para sencillamente “llevarnos bien”, sino de unirnos en torno al Señor, a su Verdad, a su Belleza y su Bondad. Porque no será mirándonos a nosotros y a nuestros acuerdos como nacerá la deseada unidad, sino mirándonos en Jesús y dejarnos mirar por Él, será como veremos las cosas que nos han enfrentado y dividido tal y como Dios la ve.

Precisamente en Erfurt (Alemania) patria chica del luteranismo, afirmó con audacia Benedicto XVI hace unos meses que “fue un error haber visto mayormente aquello que nos separa, y no haber percibido en modo esencial lo que tenemos en común en las grandes pautas de la Sagrada Escritura y en las profesiones de fe del cristianismo antiguo. Éste ha sido para mí el gran progreso ecuménico de los últimos decenios: nos dimos cuenta de esta comunión y, en el orar y cantar juntos, en la tarea común por el ethos cristiano ante el mundo, en el testimonio común del Dios de Jesucristo en este mundo, reconocemos esta comunión como nuestro común fundamento imperecedero”. Este es el camino. Recemos para que seamos uno, como un don que pedimos al Padre con la oración misma de Jesús.

Recibid mi afecto y mi bendición.

+Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo
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martes, 17 de enero de 2012

Comentarios al evangelio del 22 de enero de 2012

Sin hablar por hablar (Mc. 1, 14-20)

Se suele decir, que cuando no hay nada de que hablar es recurrente e inocuo hablar del tiempo. No de algo o de alguien que nos interesa y nos determina, sino de algo que queda tan afuera del corazón, tan al margen de nuestras preguntas, que hablando del tiempo es hablar por hablar. Y esto podría ocurrir incluso cuando hablamos de Dios: se comentan las lluvias y los fríos, sin que ello cambie la situación en la que para bien o para mal vivimos los comentaristas. Pero, ¿qué tiene que ver ésto con el problema de la recesión económica que nos aprieta en la cuesta-arriba-de-cada-mes? ¿qué tiene que ver con la absurda enemistad que nos lleva a ignorarnos, a odiarnos, a matarnos en tantos frentes y trincheras lejanas y cercanas? ¿qué tiene que ver con esa enfermedad ideseada o con esa muerte inesperada que cambian el rumbo de nuestra existencia y que parecen ganar el pulso a nuestra frágil esperanza? ¿qué tiene que ver todo esto con mis soledades, con todos esos come-come que me llenan de pesadumbre hasta respirar tristeza y depresión? Y así tantas preguntas, de las que tienen nombre y peso y espesor, las cuales tenían en la época de Jesús y tienen en la nuestra muy poco que ver con un hablar tontamente del tiempo .
 Pero vino Jesús y paró el tiempo viejo para hacer sonar el despertador de la historia: se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios, está ya entre vosotros... convertíos y creed la Buena Noticia (Mc 1,14-15). Él ha traído la buena noticia del “¡ya está bien!”, del “¡se ha cumplido el plazo!”. Porque ha dado comienzo otra realidad: se acabaron los caínes fratricidas, las babeles pretenciosas, los becerros de oro de turno. Es posible comenzar otra historia, otro modo de ser humanos: recuperar el proyecto de Dios... estrenándolo de una vez. Y para eso vino Jesús: para mostrarlo en su Persona, para concedérnoslo con su Gracia, para acompañarlo con su Presencia y su Palabra, para recordarlo con su Iglesia.

Hace 2000 años hubo gente que escuchó este Evangelio y sin embargo siguió hablando del tiempo. Hubo otros que lo creyeron, le dieron tanto crédito que cambiaron su vida, es decir, se convirtieron. Fue un modo de escuchar esa noticia buena que se transformó en seguimiento de su Portavoz, Jesucristo, y se fueron con Él a vivir y a desvivirse por Él y los demás. El tiempo de Dios había empezado a sonar. Pequeñas pero imparables, comenzaron a sonar las campanadas de la esperanza y la alegría, de la paz y la caridad. Era la gracia de Dios hecha acontecimiento para la historia. Nosotros podemos hablar del tiempo o acoger este Evangelio, siguiendo a Jesús, viviendo con y como Él, construyendo el Reino de Dios. Es el riesgo apasionante de nuestra libertad.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm.
Arzobispo de Oviedo
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domingo, 15 de enero de 2012

¡ No tiene límites el bien que hace la Caridad !


Si posees bienes externos, da lo que tienes; en caso contrario, muestra buena voluntad y, si puedes, aconseja y ayuda, y si finalmente no puedes ni aconsejar ni ayudar, expresa tu buen deseo y ora por el atribulado, y sin duda, Dios oye antes esta oración quie la del que ofrece pan. Tiene siempre algo que dar aquel cuyo pecho está henchido de Caridad.

San Ambrosio
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viernes, 13 de enero de 2012

MONSEÑOR JOSÉ MAZUELOS PÉREZ DEDICA LA JORNADA A REUNIRSE CON LOS SACERDOTES JÓVENES Y CON LOS DIÁCONOS PERMANENTES

Se trata de encuentros periódicos que permiten al pastor diocesano de Asidonia-Jerez testar la realidad de sendos colectivos de personas ordenadas y al servicio de la Iglesia

El obispo diocesano de Asidonia-Jerez, monseñor José Mazuelos Pérez, ha mantenido hoy sendos encuentros con los sacerdotes ordenados a partir del año 1980 y con los diáconos permanentes. El diaconado es el primer grado del orden sagrado y el permanente puede ser conferido a hombres casados.

La Casa Sacerdotal San Bruno ha sido, esta mañana, el escenario de la reunión con el clero joven. Se ha tratado de una reunión en la que los sacerdotes han compartido sus inquietudes con el prelado. La Salle-Buen Pastor es esta tarde, por su parte, el marco de la celebración de la Eucaristía que monseñor Mazuelos preside para los diáconos permanentes.
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jueves, 12 de enero de 2012

Comentarios al evangelio del 15 de enero de 2012


Momento inolvidable (Jn 1,35-42)

Siempre hay una primera vez en todas las cosas, que cuando se trata de algo particularmente determinante de nuestra vida, no se olvida jamás. Esto vale en toda historia de amor de un modo especial, y de amor histórico, real, datable e inolvidable nos habla el relato del evangelio que vamos a escuchar en este domingo. Es sin duda alguna una de las más estremecedoras escenas: el encuentro de Jesús con sus dos primeros discípulos. Aquí está el comienzo de toda una aventura insospechada e inimaginable, de la que uno de los testigos, Juan evangelista, no podrá ni querrá dejar pasar inadvertida.

En primer lugar vemos a Jesús que pasa, y al último profeta que lo señala. Una mirada que se hace enseguida confesión. “Es el Cordero de Dios”: el cordero sacrificado como ofrenda, el cordero comido como recuerdo de la salvación y fidelidad de Dios. Es importante esa mirada y esa confesión del Bautista, sin las cuales aquellos dos discípulos no habrían sabido quién era Aquel que pasaba ni habría sucedido todo lo que aconteció tras su paso. Juan Bautista simplemente miró, señaló y confesó; no hizo lo más importante, pero esto no habría acontecido sin lo que le correspondió a él hacer. El resto lo hizo Dios.

En segundo lugar tenemos una pregunta y una casa. Algo así de cotidiano. Aquellos dos discípulos comenzaron a seguir a Jesús, con un seguimiento henchido de búsquedas y de preguntas: el haber encontrado al maestro de su vida, el querer conocer su casa, el comenzar a convivir con él y a vivirle a él. El Evangelio dará cuenta de todas las consecuencias de este encuentro, de estas búsquedas y preguntas iniciales. Aquí está sólo el germen, pero tan incisivo e imprescindible, tan fundamental y tan fundante para el resto de sus vidas, que Juan evangelista no olvidará anotar cuando escriba esta página, ya anciano, la hora en que esto sucedió: las 4 de la tarde. Así sucede siempre con todo amor-Amor: no olvida jamás el instante de la 1ª vez aunque se le olviden tantas otras cosas. Este fue el inicio. Luego vendrá toda una vida, consecuencia de aquello que sucedió a la hora décima cuando vieron pasar a Jesús: el Tabor y su gloria, la última cena con su intimidad junto al costado del Maestro, Getsemaní y su sopor, el pie de la cruz, el sepulcro vacío y la postrera pesca milagrosa, el cenáculo y María en la espera del Espíritu, Pentecostés y la naciente Iglesia... tantas cosas con todos los matices que la vida siempre dibuja. Todo comenzó entonces a las 4 de la tarde.

Finalmente, nos encontramos con una misión incontenible. Aquellos discípulos no se encerraron en la casa de Jesús ni detuvieron el reloj del tiempo. Salieron de allí, y dieron las cinco y las seis, y las mil horas siguientes. Y a los que encontraban les narraban con sencillez lo que a ellos les había sucedido, permitiendo así que Jesús hiciera con los demás lo que con ellos había hecho. ¿No es esto el Cristianismo? 

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo
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